29 Mayo, 2017

Valses, Meet&Greet y arrollador show de Kiss en Viena.

Javier Rueda

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Tras la desilusión que supuso que las criaturas de la noche no vinieran a España cuando se daban incluso dos fechas por ciertas, en realidad ninguna oficial, me planteé desplazarme para verlos. Si la montaña no viene a Mahoma, Mahoma va a la montaña. Busqué una fecha conveniente y un lugar que mereciera ser visitado para así aprovechar el viaje y pasar unos días de vacaciones. La ciudad elegida fue Viena. Una vez determinada la localización, la siguiente cuestión fue ¿y si voy también al Meet & Greet.? Ya de perdidos, al río. Me lancé a la piscina/río y fue todo un acierto. Preciosa ciudad llena de cultura y arte en cada rincón.

La sesión del Meet & Greet es agotadora. Te citan a las 15:00, comes pronto para desplazarte con calma y tiempo al recinto en una ciudad ajena cuyas distancias te parecen aún mayores. Esperas con impaciencia con seguidores de varios países hasta que la banda haga su aparición y hablas hasta con las paredes fijándote en el merchandise y camisetas de Kiss que lleva la gente. A las 16:15 aparecen por la puerta sonriendo. Saludan al público chocando los puños. Frescos, joviales. Un Paul Stanley al que se le nota que es un rockstar hasta en la manera de respirar se cuelga la guitarra y comienza a ejercer de maestro de ceremonias. A partir de ahí cualquier problema que tengas se queda en una galaxia muy lejana. No existe nada más en ese momento. El mundo se detiene y se limita a esas cuatro paredes. Tenerlos delante de ti a tan sólo un palmo es como un sueño hecho realidad. Están muy contentos y comunicativos, el subidón de haber tocado la noche anterior en Brno, República Checa, ante más de 25.000 personas supongo que habrá influido.

Le digo a Paul que he venido desde España sólo para verlos y tras alegrarse y saludarme me pregunta de qué parte vengo. Le contesto que del norte, Gijón, Asturias. Tantean qué canción queremos oír y tras varias peticiones Paul me hace caso e interpretan Shandi. Es el tema con el que los descubrí en una lejana primavera de 1.980 y es mi canción fetiche. Paul cantándola a tan sólo un metro de mí. No había nadie más feliz que yo en la Tierra en esos instantes. Un fan solicita Nothin’ to Lose y Eric dice que esa canción no. Gene insiste y replica que la canta él. Nada. Alguien pide otra. Paul pregunta al bajista y batería que si tocan una o la otra. Gene sentencia: Nothin’ to Lose. Eric mira con cara de resignación y…¡a darle al tambor! Al final la cantamos más el público que Simmons. Imagino que Eric no querría gastar la voz. Sus coros y los de Tommy son parte elemental en directo ayudando a Paul. Continuamente preguntan al público qué canción quieren oír. Pido Wouldn’t You Like to Know Me? y Paul toca los primeros acordes. Otros piden Charisma, Sure Know Something…incluso hay quien grita ¡¡New York Groove!! También son ganas de tocar las narices. La verdad que conociendo todo su repertorio no sabes qué pedirles. Recuerdo el primer disco en solitario de Gene y aprovechando que ha tocado varias canciones en sus shows en solitario le pido See You Tonite y canta el estribillo. Pienso en otro tema de ese álbum y chillo “¡Parasite!”.  Me mira y responde sorprendido “¿Parasite?”, no sé si para bien o para mal pero no hubo suerte. Al instante me di cuenta de que me había equivocado. Quería decir “Radioactive”. A lo mejor esa habría colado. Le sigue Hard Luck Woman. Emocionante. Una de las baladas definitivas del rock. El God of Thunder nos regala Plaster Caster. Starchild, Hide your heart. Un hombre le pide a Gene que diga unas palabras que trae escritas en húngaro para sus fans de ese país y Mr Simmons accede gustoso. Coincidí luego con él y me explicó que era cardiólogo y había venido desde Hungría. Dijo que el húngaro de Gene era bastante bueno y me recordó que su madre era de allí. Como sabréis fue prisionera en un campo de concentración nazi. Un crío le cae simpático a Gene, juega con él y se cruzan varias palabras que no logro oír. El padrazo Paul está feliz y le dice a Gene que le regale un bajo. Me quedo atónito. Insiste, le convence y delante de todos agarra uno de los bajos y se lo regala. Después, Paul saca de nuevo al chavalín y le coloca entre su guitarra y él y tocan Beth. Fin del acústico y tanto banda como público con una sonrisa de oreja a oreja.

Sesión de firmas. Me sitúo estratégicamente y soy de los primeros. Me firmaron todo lo que les llevé a pesar de que éramos casi cincuenta personas. Se hicieron fotos con quien se lo pidió y estuvieron muy amables. Auténticos caballeros. Incluso le pedí a Gene que dijera unas palabras conmigo inmortalizando el momento en video y, haciendo gala de un humor cachondo, convirtió la situación ya de por sí surrealista en hilarante. Todo un detalle.

Dean, la mano derecha de la banda para los meet&greet, nos da a elegir. O bien quedar en el mismo lugar a las 18:00 y pasar directamente al local o a las 20:00 en un una puerta determinada, ya dentro del recinto, teniendo que esperar la cola general. Creo que todos optamos por la primera alternativa. Dispongo de una hora larga así que, con una cara de felicidad de la que cualquier austríaco debió de percatarse, me voy a un bar a tomar un refrigerio. Ahora el rostro de júbilo es aún mayor, la cerveza estaba demasiado buena.

Seis de la tarde. Entramos al Wiener Stadthalle. Vuelta a esperar. Nos indican la puerta en la que debemos estar a las 20:00. Doy un garbeo por el recinto, bebo y como algo y…a esperar. La zona era algo así como el camarote de los hermanos Marx. De esa puerta entraba y salía el personal del recinto a por la bebida y comida para venderla y a depositar los envases vacíos una vez vendidos. Para colmo estaba al lado de los baños con lo que el desfile de gente era interminable. Al menos te entretenías viendo un montón de frikis. 20:40 y seguimos esperando. A las 20:50 entramos, esperamos de nuevo y en tiempo récord, Dean, que vale para todo, hace las fotos. Tenerlos maquillados y con los trajes de guerra a tu lado impresiona. No te lo crees. Paul me reconoce y medio saludando me dice “¡oh!”. Me coloco delante de ellos y…¡¡flash!! Superfotaza para colgar en la pared.

Corro hacia la pista. Mi entrada era front row pero está casi todo lleno. Desde luego, después de pagar esa cantidad no me voy a quedar a la puerta en una esquina. Me meto entre los vieneses que me miran con cara de asombro y haciendo como que busco a alguien me sitúo en buena posición. No tan cerca como desearía pero no me quejo. Los que están a mi lado se miran entre ellos y se encogen de hombros. Seguro que pensaron “español tenía que ser este fulano”. La verdad que había espacio de sobra pero no deben de estar acostumbrados a los conciertos en España donde te empujan, te tiran encima la bebida y parecemos sardinas en lata.

A las 21:08 Starchild, Demon, Spaceman y Catman aterrizan literalmente sobre el escenario. No importa la cantidad de veces que los hayas visto, cuando aparecen en escena el corazón empieza a palpitarte más fuerte y disfrutas como cuando eras un niño y veías La guerra de las galaxias por primera vez.

Deuce, Shout It Out Loud y Lick It Up de aperitivo. Pocos grupos pueden presumir de tener un repertorio así para comenzar. I Love It Loud, Firehouse, Shock Me y, como dijo Paul, “esto es sólo el principio”. Son como una apisonadora de la diversión. El juego de luces es deslumbrante. Paul y Gene utilizan para las primeras canciones unas preciosas guitarras pintadas con la bandera austríaca. Novedad para esta gira que realizan con la bandera correspondiente a cada país.

El sonido es perfecto. Claro y cristalino. Paul nos recuerda que del Destroyer han salido clásicos como Detroit Rock City, Shout It Out Loud, Beth, Do You Love Me y….Flaming Youth!! Una de las novedades incorporadas en el último Kiss Kruise. El God of Thunder toca la canción que le da nombre y suena atronador. Recuperan uno de sus himnos más alegres que convierte cualquier día lluvioso y triste en soleado. Crazy, Crazy Nights. La máquina de guerra en que se ha convertido Gene aplasta todo a su paso con dicho tema que, dicho sea de paso, nunca me ha gustado y de lo emocionado que estaba, en esta ocasión…¡sí lo disfruté! A estas alturas ya todos somos War Machine. Paul habla y bromea con el público. Recuerda que su madre vivió en Viena. Maneja a la audiencia como quiere y nos manda cantar con él Say Yeah. Recurren en dos ocasiones al excelente Sonic Boom y se olvidan del bastante inferior Monster.

A continuación otra de las novedades de este tour. Paul vuela hacia el escenario situado en mitad de la pista mientras suena Psycho Circus. Pensé que el resultado sería peor. El efecto de luces con ese tema crea una atmósfera diferente e interesante aunque no tan festiva como con I Was Made o Love Gun, la gran olvidada de la noche. Enlaza con la vigorosa y magnífica Black Diamond y vuelo charter de vuelta al escenario. Hora del rock and roll y la fiesta: Rock and Roll All Nite. Confetti, diversion y mucho, mucho rock. El himno de Kiss por antonomasia. ¡Qué digo de Kiss…del rock en general! Grúas entre el público, Paul rompiendo la guitarra, riffs enormes, melodías inolvidables y gente cantando hasta desgañitarse. Eso es el rock, eso son Kiss.

Retirada del escenario. Hora de los bises. El tema más popular del beso entre los no rockeros: I Was Made for Lovin’ You. Todo el mundo la conoce y la disfruta. Y pensar que era una canción tabú entre los autoproclamados rockeros auténticos hace años. Incluso la banda no la tocó durante lustros.

Todo lo bueno llega a su fin y la pila del conejo de Duracell está a punto de agotarse. Aún hay tiempo para un tema más. El imperecedero Detroit Rock City. Obra maestra que suena igual de fresca que en 1.976. Final apoteósico y una felicidad en el ambiente que se podía palpar con las manos. Prometen volver. Ojalá.

Al día siguiente Tommy Thayer presentaría su guitarra Epiphone,  respondería preguntas y firmaría en una tienda de instrumentos. Obviamente me dirigí hasta allí. Caras conocidas del día anterior. Saludos. Un fan pasa a mi lado y me dice jocoso “you came from Spain” en clara alusión al acústico. Los vieneses son gente amable y con sentido del humor. Seríamos unas cien personas y Tommy habló un poco sobre el citado modelo de Les Paul y contestó a las preguntas que le hizo el público mientras de fondo sonaba el disco de clásicos regrabado por la formación actual para Japón y que luego apareció en la edición especial del Sonic Boom. Le preguntaron si tenía planeado un álbum en solitario y contestó que no veía la necesidad, estar con Kiss le toma todo el tiempo y no le apetece. Una fan le cuestiona por qué toca Shock Me. Él responde que por qué no. Es un clásico de Kiss que gusta y conoce el público. Otro le interpele por qué no interpretan Talk to me. Como se ve el caso es tocarle las pelotas recordándole cada poco al bueno de Ace. Thayer manifiesta que le gusta mucho pero que no es tan conocida salvo quizás en Australia. Comienza a cantarla y todos en la tienda la coreamos con él.

Hora de las firmas. Varios fans le llevan guitarras, Epiphones incluidas, y escribe su nombre gustoso. El asunto se eterniza y avisan que sólo dos firmas y foto por persona. Al parecer le estaban llevando montones de artículos y de ahí la demora. La palma se la lleva un chaval que le lleva una petición de su novia: ¡¡unos calzoncillos!! Unas bragas lo entendería pero…¿unos calzoncillos? En fin, hay gente para todo.

Tommy me parece un tío encantador. Tuvo más paciencia que el santo Job y se le veía mucho más suelto y sonriente que cuando está con los jefes. Al no estar tocando estaba más relajado y desenvuelto.

Fin de la aventura Kiss y comienzo del turisteo vienés. Satifacción absoluta.

Como le había dicho antes al mismísimo Paul, “si no existieras, alguien tendría que inventarte”.

Crónica y fotgos: Juanjo Pérez González para Kiss Army Spain