17 mayo, 2017

Kiss no llena en Turín pero no defrauda y ofrece un gran show.

Javier Rueda

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Tags: KISS

He de reconocer que me costó tomar la decisión de desplazarme fuera del territorio español para ir a ver a nuestra banda favorita. El 22 de junio de 2015 fue la fecha que marcó un punto de inflexión en mi relación con Kiss, pues después de su show en el antiguo Palacio de los Deportes de Madrid me propuse no volver a verlos en concierto a menos que fuese en España.  Ese 22 de junio finalizaron su gira europea en un recinto lleno, captando la energía que el público les entregó generosamente de antemano y que devolvieron a éste con el mejor concierto que pudieron hacer (Paul dio todo lo que su maltrecha voz le permitió). Más allá de esto, trajeron un show “apañadito” y no hubo detalles ni gestos especiales por parte de KISS hacia un recinto “técnicamente” sold out que puso broche de oro a su gira europea.

Pero llega 2017 y los amigos de Kiss Army Spain reavivan en mí la llama, pues parece ser que esta puede ser una de las últimas oportunidades de verlos en directo en Europa. Después de descartar la opción de Glasgow, el fin de semana largo de San Isidro en Madrid me da la oportunidad de unas mini vacaciones en Roma y desde allí desplazarme a Torino para  ver a nuestros héroes en el Pala Alpitour, según la Wikipedia el arena más grande de Italia con capacidad para quince mil personas.

Al  llegar el 14 de mayo a Torino y bajar del tren en su estación de Porta Nuova, situada en el centro de la ciudad, sorprende no ver ni un solo aviso publicitario del concierto del 15 de mayo. Tan solo veo un autobús que porta un anuncio del concierto del día siguiente. El mismo día del concierto, paseando por el centro  turístico de la ciudad,  preocupa no ver ni una sola camiseta de KISS. ¿Qué pasa aquí? Entro en una tienda de discos con solera y pregunto al dueño por el concierto y la razón de no ver publicidad por ningún sitio. El tipo me responde que se debe a que está todo sold out (!!!!) y que por eso no hacen publicidad.

Nos dirigimos caminando hacia el Pala Alpitour (3,2 kms desde Porta Nuova), pues fieles a la tradición, KISS y sus giras europeas no son lo que tienen que ser si no hay una huelga de transportes de por medio. De esta manera el concierto anunciado a las siete de la tarde comenzó a las nueve. Al  llegar a la zona del pabellón nos asalta el primero de los vendedores de merchandising pirata, hablándonos en perfecto español ofreciéndonos mecheros y pañuelos y avisándonos de que no se prevé lleno ni mucho menos, de hecho las taquillas están abiertas.

Cuando entramos en el pabellón hay poquita gente y un gran telón cubre todo el graderío del segundo anillo de uno de los laterales. La hora del concierto se acerca y se confirma que KISS va a tener que enfrentarse a un pabellón con poco más de media entrada. De hecho en una de sus primeras alocuciones Paul dijo que puede que no fuera el público más numeroso pero que llevaba a Italia en el corazón porque es un país asombroso y tal y tal… En una segunda ocasión también haría alusión a la cantidad de público.

El sonido durante todo el concierto fue muy bueno. La intro de Paul en Deuce  que muchas veces suena trastabillada y chatarrera sonó perfecta y poderosa, de hecho, de las veces que he visto a Kiss, esta es una de las veces que mejor y más potente sonó su guitarra.

Cayó el telón y la aparición en el platillo volante fue un poco accidentada al quedarse parado en el descenso, con la banda mirándose entre sí como diciendo: ¡a ver cómo bajamos!  Finalmente el descenso se completó y Gene se dirigió al micro y la canción sonó a gloria.

Respecto al montaje hay que decir que en muchos aspectos es muy similar al de 2015, pero con mejoras que le otorgan  más “glamour”. Gene, Paul y Tommy descienden desde el techo como en otras ocasiones sobre el platillo volante y la batería esta vez lo hace mediante un sistema de cadenas “invisibles” colgado desde el techo y soltando humo, sustituyendo así al elevador de tijera más propio para limpiar cristales de edificios, reparar fachadas o cambiar bombillas a las farolas. No obstante utilizaron uno de estos elevadores para la parte central de Lick t up y si mal no recuerdo para la parte final de Black Diamond. El juego de luces me gustó especialmente, quizá no puede competir en espectacularidad con el de la araña de Monster, pero me pareció original y efectivo. Por lo demás Paul atravesó la pista del pabellón para cantar Psycho Circus en el mini escenario giratorio y regresar al escenario grande mientras Eric cantaba Black Diamond. Tommy no utilizó su modelo  Explorer, sólo los Les Paul, y disparó cohetes en una innecesaria “Shock me” (esto huele a broma pesada, este hombre tiene dos temas propios en la banda) y Gene ascendió al techo después de vomitar sangre para cantar God of thunder.

Mención especial para Gene y su capacidad para atrapar al vuelo prendas íntimas femeninas. Con su mano derecha sigue percutiendo su bajo, mientras que con la izquierda señala y hace el gesto de “tíramelo”. Con la izquierda atrapa el trofeo en cuestión y se lo pasa por el hocico para olerlo o disimuladamente limpiarse el sudor. Previamente Paul fue obsequiado con un sostén. Gene es una máquina de aplanar carreteras, poderoso vocal, instrumental y visualmente. Y es que aunque la banda instrumentalmente suena muy compacta, en el mismo evento puedes ver el concierto de Gene,- sólido, seguro e imponente- y  el de Paul-maestro de ceremonias empeñado en sufrir y hacernos sufrir a los demás. Sí, yo sufrí  oyendo a Paul. En las pantallas gigantes podías ver el sufrimiento en su rostro y en Detroit Rock City su cara era un poema pidiendo la hora. Love Gun se cayó del repertorio y eso es indicativo de algo.

Es de agradecer  la entrada en el repertorio de Flaming Youth, Crazy Nights y Say Yeah (en esta última Paul sonó bastante decente con el auxilio vocal de sus compis) pero no hay que empeñarse en cosas imposibles. Paul está en buena forma física, pero debería de conformarse con menos peso vocal y seguir como guitarrista rítmico y maestro de ceremonias. Hay canciones de sobra para armar otro repertorio.

La primera parte del show finalizó con Rock and Roll all nite. Esta vez los elevadores que usan Gene y Tommy, se adentran por encima del público en la pista haciendo un giro, lo que permite acercarlos a las gradas y ser contemplados más de cerca. Otro detalle que mejora respecto a la gira anterior son las pantallas laterales verticales, colgadas y no apoyadas sobre el escenario. En 2015 las dichosas pantallas impedían la visibilidad sobre Eric a las primeras filas laterales.

Tras la lluvia de confeti y la traca llegaron los bises: I Was Made (donde Paul se vino arriba en la segunda estrofa como en los tiempos de Alive III y soltó un gallinazo sobresaliente) y acto seguido la inmortal Detroit Rock City finalizando el concierto.

Tras el concierto (1 hora y cincuenta minutos) regresamos al hotel gracias a los servicios mínimos del tranvía de una ciudad bella pero que quizá no puede competir en tamaño y ubicación estratégica con su vecina de 150 kms al este, Milán. Personalmente creo que Milán hubiera sido una mejor elección pero evidentemente yo no soy el promotor e imagino que la elección de ciudades obedece a criterios que se me escapan.

El vendedor ambulante de merchandising” no autorizado” que antes mencioné me advirtió de la presencia de muchos españoles. Yo no ví ni oí a ninguno. De regreso a Madrid casualmente veo en el avión en pleno vuelo a una chica con una rosa tatuada en el brazo derecho y el rostro de Paul in make-up en el izquierdo. Le pregunto si viene de Torino de ver a KISS y me dice que sí,  pero rápidamente me doy cuenta de que no tiene ganas de hablar ni de intercambiar opiniones, así que regreso a mi lectura y al esquema mental del  rollo que le voy a enviar a mi querido Alex Barreiro.

Por cierto, acaba de concluir el día 16 de mayo y ni una mención en Kissonline al concierto de Torino.

Texto y fotos: Ricardo Martínez Humanes